800 millones de canciones para oír el ritmo del planeta

Un estudio con un millón de usuarios de Spotify muestra los patrones musicales de los humanos

 

La investigación analiza datos de usuarios de 55 países.
La investigación analiza datos de usuarios de 55 países.

A los humanos nos gusta oír música más animada durante el día. Los viernes son los más animados y, a medida que se acerca el verano, preferimos temas más intensos. Son algunos de los resultados de un enorme estudio con casi 800 millones de canciones oídas por un millón de personas en Spotify. Aunque estos datos pueden parecer lógicos, hay otros más intrigantes: a los chicos les gustan piezas más animadas que a las chicas, pero esa diferencia de género se invierte en los dos hemisferios del planeta. O bien, las divergencias de intensidad se reducen a medida que nos acercamos al ecuador. Así es el ritmo del planeta.

Investigadores de la Universidad de Cornell (EE UU) han tenido la rara ocasión de poder estudiar una inmensa base de datos del servicio de música Spotify (una de las autoras del estudio trabaja en la compañía). Contaron con 765 millones de canciones seleccionadas (es decir, elegidas por el usuario y no aleatorias) por un millón de clientes del servicio de todo el mundo. Aprovechando que cada canción lleva una serie de metadatos con 11 características (ritmo, si es cantada o instrumental, tempo, si es bailable, acústica o electrónica, valencia…) pudieron medir la intensidad musical de cada canción y la de todas las canciones.

Comprobaron así que hay una serie de patrones universales. Observaron, por ejemplo, que los humanos oyen música más animada entre las ocho de la mañana y las ocho de la tarde, con un bajón de ánimo entre las tres y cuatro de la madrugada. No vieron, sin embargo, variaciones significativas durante el día. Algo que sí habían detectado estudios anteriores que usaron herramientas como los mensajes en Twitter para pulsar el ritmo planetario. También vieron cómo la semana se va animando hasta llegar a lo que cantaba The Cure en su Friday I’m in Love: el viernes, seguido del sábado, son los días en los que oímos la música más excitante. Los domingos y lunes, cuando menos.

Los viernes es el día más musical y el pico en intensidad se alcanza los días posteriores al solsticio de verano

“A posteriori, muchos de los patrones que hemos encontrado pueden parecer lógicos”, dice en un correo el director del Laboratorio de Dinámicas Sociales de Cornell, Michael Macy, profesor de sociología y coautor del estudio. “Pero es importante confirmar nuestras intuiciones con datos empíricos y los patrones que hemos visto están fundamentados en una base de datos única con los hábitos de escucha en 51 países de todo el mundo”, añade. Entre esos patrones lógicos estaría el hecho de que el máximo de intensidad musical se produce durante el solsticio de verano desde un mínimo alcanzado en los meses de invierno. También parece esperable que la puntuación en intensidad de la música que consumen los menores de 18 años sea más del doble que la de los mayores de 50 años. Pero hay otros resultados aparentemente no tan lógicos.

800 millones de canciones para oír el ritmo del planeta

“Uno de los resultados más sorprendentes es la diferencia en los patrones de género entre el hemisferio norte y el hemisferio sur”, comenta Macy. Aunque en el promedio global, los chicos escuchan música más animada que las chicas, “en el hemisferio norte, las mujeres oyen música con menor intensidad, en especial por la noche, mientras que en el hemisferio sur es al revés: las mujeres eligen música con mayor intensidad que la que prefieren los hombres”, añade. Los autores del estudio, publicado en Nature Human Behaviour, no analizan las posibles causas de estas diferencias, aunque señalan a una posible base cultural.

“También fue algo inesperado que la música reproducida en América Latina sea relativamente más intensa y la oída en Asia más relajada comparadas con Oceanía, Europa o América del Norte”, recuerda el investigador y principal autor del estudio Minsu Park. “Creo que las últimas tres regiones son culturalmente similares y los resultados sugieren que podría haber diferencias culturales en las preferencias por los estímulos externos, como son los distintos niveles de intensidad musical”, añade el pupilo de Macy.

Hay una llamativa diferencia de género: mientras las chicas del hemisferio norte prefieren temas más tranquilos, en el sur superan en temas animados a los chicos

Para lo que no tienen explicación, aunque podrían intervenir factores ambientales, es para el hecho más sorprendente de todos: en todas las métricas donde detectaron diferencias (incluso en las diferencias de edad, aunque en menor medida) estas se reducían a medida que se acercaban al ecuador. Por ejemplo, es a partir de esta línea imaginaria donde las diferencias de género se invierten. Park reconoce que es algo que tendrán que investigar.

Los autores reconocen que el diseño del estudio puede introducir algún sesgo. Por ejemplo, la muestra está formada por usuarios de la versión de pago de Spotify. Además, no tienen datos de África. El estudio se realizó entre enero y diciembre de 2016, cuando este servicio musical aún no se había desplegado en demasiados países africanos. Aún así lo consideran una buena base para el estudio de las conductas humanas.

“Gran parte de la investigación en ciencias sociales que se hace en EE UU es sobre el comportamiento de los estadounidenses, a veces con la suposición tácita de que los resultados son generalizables a otras culturas. Los datos de plataformas sociales globales como Spotify, Twitter y Facebook ofrecen una oportunidad muy necesaria para abordar las diferencias interculturales y transregionales en el comportamiento humano”, razona el profesor Macy. Además, añade, “también es muy difícil observar las emociones de las personas a escala de población y sabemos que lo que dicen sobre sus emociones puede ser poco fiable (tendemos a poner nuestra mejor cara). Estos datos permiten observar el comportamiento humano real, no solo los auto informes de las personas sobre su comportamiento”.

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