Crítica: Entre universos

La cordillera

 

El tercer largometraje del argentino Santiago Mitre, artífice de la recomendable El estudiante (2011), es el más ambicioso; un intento claro por posicionarse a nivel nacional e internacional como gran director, en la estela del chileno Pablo Larraín. Algo que no resulta tan fácil de conseguir: La cordillera es una película llena de interés, pero también lastrada por pretensiones mistéricas que nunca terminan de armonizar con el argumento principal, la crítica de orden socio político.

El protagonista del filme es Hernán Blanco (Ricardo Darín), presidente ficticio de Argentina, participante en una cumbre de jefes de estado que se celebra en localización aislada. Blanco se ve inmerso en negociaciones complejas y, al mismo tiempo, ha de atender un asunto de índole familiar que amenaza con trastocar sus prioridades y su estatus… La historia escrita por el propio Mitre y el también cineasta Mariano Llinás trata de mantenerse en la ambigüedad, la incertidumbre continua acerca de lo que está sucediendo y sus implicaciones, pero ello no redunda, a pesar de fragmentos muy acertados, en una ficción capaz en conjunto de subvertir nuestra percepción de lo narrado, tal y como se ambicionaba.

 

Créditos: Diego Salgado

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